Cada 7 días, una mujer en Asturias muere por violencia de género. La tragedia no para.
Las cifras no mienten: en lo que va de año, una mujer en Asturias ha sido asesinada cada 7 días por su pareja o expareja. Esto significa que, mientras muchos seguimos con nuestras vidas, detrás de cada número hay familias destrozadas y vidas rotas por una violencia que no cesa.
Para quienes compartimos la calle, el trabajo o incluso la familia, estos datos nos deben hacer reflexionar. La violencia machista no solo es un problema de las víctimas directas, sino un fracaso colectivo que afecta a toda la comunidad. La impotencia y el temor se sienten en cada rincón, y todos podemos ser parte de la solución si exigimos más recursos y acciones reales.
Los datos muestran una realidad dura: muchas víctimas habían denunciado a sus agresores y aún así no lograron escapar del ciclo de violencia. La falta de protección efectiva y protocolos claros deja a muchas mujeres en riesgo, y a sus hijos en medio de un infierno del que pocos logran salir.
Esto también tiene consecuencias en nuestra vida diaria. La inseguridad, el miedo y la tristeza son un lastre que todos llevamos en silencio. La sociedad debe exigir que las instituciones refuercen la protección, mejoren la atención y no se queden en discursos vacíos.
Lo que puede pasar ahora es que, si no actuamos con urgencia y firmeza, estas cifras seguirán subiendo y más familias sufrirán pérdidas irreparables. Como ciudadanos, debemos apoyar las campañas, exigir medidas concretas y no cerrar los ojos ante esta realidad. Solo así podremos construir una comunidad más segura y justa para todos.