Calvo avisa: "Aquí la cosa va de democracia o fascismo"
Calvo, presidenta del Consejo de Estado, dice que el país vive entre democracia y fascismo. Qué implica para tus derechos y cómo se hacen las leyes.
La presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, ha rechazado en Gijón hablar de "polarización" para describir el clima político actual. Según ella, lo que vivimos es un pulso entre democracia y fascismo, y eso no es lo mismo que discrepar.
Calvo lo dijo durante una visita institucional al Consejo Consultivo del Principado de Asturias, que preside Pablo Baquero. Su argumento es que discrepar, incluso con fuerza, forma parte de la vida pública. Lo que no se puede aceptar, a su juicio, son los insultos, los ataques personales y las mentiras.
Para la vida de cualquiera, la idea de fondo es sencilla: cuando se pone en duda el marco democrático, las reglas que regulan cómo se toman las decisiones que afectan a tu salud, a tu trabajo o a tu dinero pueden cambiar. Por eso la forma en que se discute en la política importa tanto como lo que se discute.
Calvo también explicó cómo funcionan las leyes. Según dijo, el Gobierno no puede legislar en solitario: necesita el apoyo del Parlamento, y los reales decretos deben ser convalidados o decaen. Recordó además que los consejos consultivos asesoran a los gobiernos, pero no intervienen en las proposiciones de ley que nacen de las Cámaras.
En el plano cotidiano, esto significa que un decreto que afecte a tu alquiler, a tu factura de la luz o a tu pensión tiene que pasar un control democrático. Si ese control se debilita, quien paga las consecuencias es el ciudadano de a pie.
Calvo recordó que el Consejo de Estado cumple 500 años y que en noviembre recibirá a los consejos de Europa y del mundo. Sobre el caso de la Ley de Nietos, dijo que está pendiente de una última respuesta del Tribunal Supremo y que, por el momento, no le ha correspondido dictaminar.
Qué puede pasar ahora: el debate sobre cómo nombrar a la discrepancia política y sobre los límites del insulto seguirá en la agenda. Los ciudadanos pueden seguir de cerca las votaciones en el Parlamento y las convalidaciones de decretos, que son los momentos en que sus representantes se comprometen públicamente. Informarse antes de compartir mensajes y pedir cuentas a los representantes es la forma más directa de participar.